Por: Evelyn Leyva, periodista

El ministro de Relaciones Exteriores de Cuba, Bruno Rodríguez, calificó hoy las medidas adoptadas por el gobierno de Estados Unidos el pasado 29 de enero como un desafío de grandes proporciones no solo para la isla, sino para el conjunto de las naciones del mundo.
En declaraciones difundidas a través de la red social X, el canciller cubano reiteró que la orden ejecutiva firmada por el presidente Donald Trump se sustenta en la falsa premisa de una supuesta amenaza a la seguridad nacional estadounidense. La disposición establece la imposición de aranceles punitivos a aquellos países que mantengan exportaciones de combustible hacia Cuba.
Rodríguez Parrilla enfatizó que esta decisión constituye una intromisión inaceptable en las relaciones comerciales soberanas entre naciones. «Equivale a limitar, con pretextos absurdos, la prerrogativa soberana de cada país a la hora de determinar si exporta y a qué destino exporta sus productos nacionales patrimoniales», escribió el titular del Minrex.
El jefe de la diplomacia cubana planteó interrogantes de alcance global a partir de esta medida unilateral. «¿Quién puede asegurar cuál es el límite de esa facultad que, con la agresión a Cuba, se adjudica ahora Estados Unidos?», cuestionó.
En su análisis, Rodríguez advirtió sobre el peligroso precedente que sienta esta acción. Subrayó que lo que hoy se presenta como una guerra energética contra Cuba podría extenderse mañana a otras latitudes y sectores económicos. «Lo que hoy se basa en una guerra energética puede convertirse en castigo por exportaciones de cualquier otro bien desde cualquier mercado que compita con el estadounidense», alertó.
El canciller cubano insistió en que la medida no solo afecta a la isla caribeña, sino que vulnera principios fundamentales del comercio internacional y la libre determinación de los pueblos. La imposición de aranceles bajo argumentos unilaterales sienta un precedente peligroso que podría ser utilizado contra cualquier nación que mantenga relaciones económicas no alineadas con los intereses de Washington.
La orden ejecutiva del 29 de enero forma parte del recrudecimiento del bloqueo económico, comercial y financiero que Estados Unidos mantiene contra Cuba desde hace más de seis décadas, y que en los últimos meses se ha intensificado con medidas dirigidas a obstaculizar el suministro de combustible a la isla.