Por: Evelyn Leyva, periodista

En el 64º aniversario del bloqueo estadounidense a Cuba, la política no se relaja; se recrudece de manera peligrosa. La administración del presidente Donald Trump lanzó una nueva escalada agresiva centrada en estrangular los suministros de combustible a la isla.
La acción es una Orden Ejecutiva firmada el 29 de enero, que declara una «emergencia nacional» y amenaza con sanciones a cualquier país que venda petróleo a Cuba. El canciller cubano, Bruno Rodríguez, la denunció como un intento de «asfixia energética».
Hoy, 3 de febrero, Cuba denunció formalmente esta escalada en la sede de la ONU en Viena, señalándola como el principal obstáculo para su cooperación internacional.
El bloqueo, impuesto el 7 de febrero de 1962 y endurecido con leyes extraterritoriales en los 90, tiene un costo humano y económico devastador.
La comunidad internacional reitera su rechazo. Durante el último fin de semana de enero, se registraron actos de solidaridad en numerosos países, incluidos México, Brasil y varias naciones europeas.
Internamente en Estados Unidos, sectores políticos y de la sociedad civil denuncian esta política, abogando por una normalización de relaciones.
La combinación de una economía llena de desafíos, una presión externa máxima y una crisis energética inminente crea un escenario de alta tensión. La retórica de «cambio de régimen» persiste, pero tras seis décadas, el bloqueo no logra su objetivo político mientras profundiza el sufrimiento del pueblo cubano.
La disyuntiva actual es clara: más escalada con riesgos impredecibles o un giro hacia la diplomacia y el respeto a la soberanía, como exige el consenso internacional. La dignidad de un pueblo resiste, pero el costo del asedio, en este aniversario, se revela más alto que nunca.